Porque soy santero


Santa Barbara

Soy natural de Madrid, y en consecuencia europeo, criado en la mentalidad de que todo aquello que no podemos ver ni tocar es tabú. Tendemos a presuponer que todo lo que no es ciencia es falso, o al menos incierto.

Me educaron en el seno de la Iglesia Católica, con toda la herencia política del Imperio Romano, y todos esos dogmas que atentan contra el sentido común, y con todos aquellos otros que nos transmiten verdades universales y que son caminos para evolucionar espiritualmente. Me criaron en la fe de que todo o es bueno, o es malo. Estaba Dios y Satanás, y este último tenía todas las de perder.

Con el paso de los años me fui dando cuenta de que la lucha está mucho mas igualada de lo que parece y que todos nosotros formamos parte de ella y no basta con quedarse de manos cruzados rezando mientras vemos como el mal se expande a nuestro alrededor. Tampoco es suficiente esperar la absolución de la Santa Madre Iglesia como medio para seguir viviendo cotidianamente con nuestros pecados.

Nunca me he dejado de considerar católico, pero en la línea del Concilio Vaticano II, Juan XXIII y Pablo VI. Creo que Fe sin duda es Fe muerta, y que no se puede comulgar con ruedas de molino. A nuestra Iglesia le hace falta perder mucho lastre y ponerse al día, no eliminando los preceptos de la Fe, sino todos aquellos que tienen que ver más con la política y el control social.

Cuando era pequeño tuve muchas experiencias que no podía explicar con la razón. Cuando tenía dieciocho años comencé a tener sueños extraños. Soñaba con serpientes enormes que atacaban a mi familia y a mis seres queridos, ya que a mi no me podían tocar. Al poco tiempo, estas personas con las que soñaba comenzaron a sufrir enfermedades, operaciones y mas de una desgracia. Yo tenía la sensación de volverme loco, pues mi mente racional me decía que nada de esto podía ser real.  Al poco tiempo descubrí, que un “amigo” mío conocía mis sueños perfectamente, y que las serpientes eran él.

Los sueños siguieron, pero esta vez venía en mi defensa un ángel vestido de rojo y blanco con una espada de fuego. También se apareció un monje que me aconsejaba.

Al año, conocí al que sería mi padrino y que durante mucho tiempo fue aquel que me enseñó todo lo que se, y dio nombre a todo aquello que yo vivía sin saber que era. Los años me han hecho mas fuerte, y no con pocos esfuerzos, he llenado mi casa con santos y con herramientas para entender y enfrentarme al mal de frente.

Aunque entiendo que la vida es un camino lleno de dificultades, también he aprendido que muchas de ellas son fruto del mal, de las envidias, de la brujería y de espíritus de bajo astral que nos quieren derribar para que no logremos nuestros objetivos en esta vida.

Gracias a la santería he aprendido que hay un sólo Dios para todos los hombres que se les muestra de diferentes maneras en función de su cultura y época, que no hay tanta diferencia en las fuerzas que adoramos, excepto los nombres y algunas creencias que la sociedad y no Dios nos han impuesto. También he aprendido que el mal no es tolerable cuando has decidido seguir la senda de la luz. Que cualquier hermano caído merece de nuestra ayuda, siempre y cuando el esté en disposición de ayudarse a sí mismo. Que el mundo material y espiritual conviven, y se desarrollan de forma simultanea. Así cuando uno hace una ofrenda, o un acto de bondad, esto tiene consecuencias en nuestras vidas y en el camino que tomaremos a partir de ahí.

La santería es una religión muy hermosa, donde abundan los milagros y la comunicación con los Santos y los Espíritus. Sin embargo, como se desarrolla en este mundo está repleta de farsantes y malas personas que en la mayoría de los casos no conocen la religión y utilizan la simbologia y la cultura santera para “hacer el agosto” a costa de los que no saben.

Yo me he cruzado con muchos, y además he visto como muchos otros que eran buenas personas se han acabado perdiendo en la codicia.

Cuando uno entrega dinero a un santero, o gasta en elementos de santería, está mandando energía para que el santo la reciba y actúe. Esta es la máxima del comercio espiritual. Si alguna de las dos partes da más importancia al dinero que a la obra santoral, que es la que tiene importancia, las personas se derrumban como castillos de naipes.

Los milagros de la santería nunca serán para bien si buscan el enriquecimiento inútil, o la superioridad frente a otros seres humanos. El respeto al padrino ha de ser el cariño al padre y no el temor al castigo.  Las normas de la santería son para mejorar al que obedece y no pasa someterlo, como podremos observar en otras muchas religiones.

Hay personas que se denominan santeros, cuando en realidad son brujos. El santero se debe al bien por encima de todo y a la defensa contra la brujería del resto de la humanidad.  Es también el medio para que aquellos que lo precisan puedan dirigirse directamente al santo que les ampara y escuchar su palabra que no está escrita en un libro, sino que emana de su mano a través del coco y del caracol.

A vuestra disposición estoy, para todo aquello que esté en mi mano.

Bendición para todos los hombres de buena voluntad.

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